El cielo se ha vuelto uniformemente gris, la luz varió, se levantó viento y está arrancando y desperdigando por las aceras todas las hojas secas del jazmín que no había conseguido quitar yo, librándome también del sentimiento de culpa por ensuciar el suelo público, a pesar de mi sentido cívico no puedo arriesgar la vida por asomarme y salir volando desde el tercero.
Mejor, casi hago trampa y le ayudo de un escobazo.
Leí un libro esta noche, entre estornudos, en el que se afirman en estilo quejumbroso y alicaído cosas que comparto, es embarazoso.
Estas pocas líneas solamente para decir que estoy viva, aunque doliente
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