Carta vigésimo octava

Tu no respetas los acuerdos.
Me escribes dos cartas al día.
Se han acumulado muchas cartas.
He llenado un cajón del escritorio, me desbordan los bolsillos y el bolso.
Tu dices qué sabes cómo está escrito Don Quijote, pero no eres capaz de escribir una carta de amor.
Y cada día te vuelves más irritable.
Además, cuando escribes de amor te hundes en el lirismo y emites burbujas… (te escribo desde el restaurante “Sur”, compuesta, sola, mientras espero una costilleta). De literatura entiendo poco (aunque tú, adulador como eres, dices que entiendo tanto como tú), pero de cartas de amor sé. No por casualidad dices que cuando entro en algún sitio, entiendo enseguida las relaciones entre las cosas y las personas.
Tu hablas de ti, pero cuando hablas de mí, me haces reproches. No se escriben cartas de amor por el propio placer personal, igual que un verdadero amante, en amor, no piensa en sí mismo.
Con diversos pretextos escribes siempre de una sola cosa. Deja de escribir cuanto cuanto cuanto me quieres, porque al tercer cuanto empiezo a pensar en cualquier cosa
ALJA

(el original en Sellerio editori Palermo, Zoo o lettere non d’amore)
(Alja es la escritora Elsa Triolet, amiga del autor. En París -se cuenta en el prólogo- existe un archivo donde se conservan las cartas originales entre Alja y Sklovskij)
(no estoy segura de que un verdadero amante en amor no piense en si mismo -casi creo lo contrario, salvo si es un amante que no existe. Si que creo que acabado el amor puede que el amante, todavía inventado, empieze a pensar en otras cosas y las piense algo mejor -o algo peores. Pero la carta no la escribí yo)