Nadie me escribe, nadie pasa por aquí, nadie me llama, aparte de teledos o telemás que quiere saber si prefiero un vestido azul a alguna otra cosa que no le he dado tiempo de decirme.
Y Mari, que busca a Tere.
Tere, soy Mari.
Mire que se ha confundido de número.
Tere…
Soy otra vez yo señora.
Tere…
Por favor marque BIEN el número.
Tere…
Escuche, no puede aprender a marcar BIEN el número?
Tere…
Mire que es la DECIMA vez.
Tere…
Pero lo hace aposta, empiezo a hartarme, aprenda a marcar bien el c*** de número, escríbaselo.
Tere…
No.
Tere…
Soy siempre yo señora, no querría aprender a marcar ese condenado número sin romperme las narices?
Luego estoy sola.
Sola con 30 plantas de petunia a las que hay que espulgar de las flores secas y les salen 10 por planta cada 3 horas.
Debería estar contenta. Soy de tipo solitario, bendito por la conexión a la red que me autoriza a estar o no estar exclusivamente cuando quiero, a parte de Mari, y apasionada por las flores secas que funcionan mejor que cualquier medicamento para tener controlada la tensión que Mari me hace subir.
He incluso intentado chacharear un poco pero finalmente le doy miedo.
Soy la voz severa que le dice que puede vivir sola encerrada en casa, hablando con Tere, o en su barrio, soy la prueba de que es mejor llamar a la puerta, aunque el teléfono es una gran invención, o lo sería, si no la pusiera en contacto conmigo que le riño y le trato mal.
Mari es vieja, se nota por la voz, a lo mejor no más vieja que yo, pero tecnológicamente vieja, lo que quiere decir que está fuera de moda, y que mi voz seca le asusta, como le asusta la voz grabada del call center.
Mari no llama al INPS (1), va allí y hace horas de cola.
Mari no tiene un pin una password una conexión wifi una cuenta bancaria tarjeta, no tiene ni siquiera un móvil.
Tendrá un mando a distancia, me digo, y la veo sosteniendo el mando con las dos manos y aplastando los botones con precisión, es más, lo acerca a la televisión cada vez que quiere cambiar de cadena, pero no hace zapping, le gustan los anuncios, aunque algunos no los entiende.
Mari no sabe lo que es un no-lugar, y si la han llevado nunca ha sabido lo que era un no-lugar.
Mari si tiene que coger un tren, va a sacar el billete a la estación.
Mari tiene ansiedad si tiene que mirar el tablón de las salidas.
Mari ve la televisión y cuando llegue el descodificador padecerá días de pasión.
No sabe qué es un descodificador, a lo mejor tiene un marido que sabe qué es o un hijo, pero ella no tiene la más pálida idea y para todo lo que tiene que ver con el mundo exterior depende de alguien, estará agitada durante días, como se agita cuando me llama en vez de llamar a Tere.
Es más, enmudece.
Ahora basta con que diga, Si? Y ella reconoce mi voz y cuelga enseguida asustada, siento su ansiedad, tiene incluso un olor que me llega a través de la línea.
Quién es Tere, me he preguntado, una hija? O una cuñada, una amiga?
Y dónde está? En la aldea? O en algún sitio todavía más pequeño?
Mari no tiene el carnet de conducir, se nota por la voz. Tampoco yo tengo el carnet pero no se nota por la voz.
Pienso que he discutido con amigos que sostienen que toda Italia, es más, el mundo, tiene un ordenador por familia, si no por cabeza, y Internet les impide a los niños ver un burro vivo, porque ahora los burros son todos virtuales.
A lo mejor Mari tiene un burro, la próxima vez se lo pregunto.
(1)INPS, Instituto Nacional de Previsión Social